Llega un momento en que los niños dejan de serlo para convertirse en "personas con dos cojones". Este momento tan esperado de la vida de los jóvenes comienza cuando te vas a estudiar fuera de casa y tienes que empezar a apañártelas solito. Ya no está tu "mami" para resolverte cualquier problema. Ahora tu mami y tu papi están bastante lejos (y seguro que muchos se han quedado muy tranquilitos y en la gloria).
Y...¿para qué nos vamos a engañar? Este momento es muy esperado y muy bonito o, como la mayoría lo describiría, la puta hostia. Ya no están tus papis para decirte donde no puedes ir o qué no puedes comprar. Ahora puedes emborracharte cuanto quieras que nadie te va a regañar. Ha llegado el momento en el que te sientes libre y comienza así:
Los primeros días en una ciudad nueva son una caja de sorpresas, no sabes lo que te vas a encontrar pero quieres buscar a ver qué hay por ahí. Haces amigos, estás todo el p... día en la calle, comiendo en bares, de fiesta, viendo lo que hay por allí. Es de las mejores experiencias, he oído ya mil veces la frase: Aprovecha que es la mejor etapa y se pasa rápida.
Cuando llevas unos días te vas dando cuenta que te sientes como de vacaciones, aunque no, ahora hay que estudiar ( y no poco). Ahora tienes que coger apuntes como si de una competición se tratara, porque los profesores no paran para descansar cuando hablan ni aunque se coman una mosca. Ahora es cuando te tienes que poner al día tú solito porque los profesores pasan de ti (esto no es Bachillerato, bla bla bla). Ahora es cuando tienes que organizar todo tú mismo. Y ahora es cuando echas de menos a papá, a mamá, lo que hacías con tus amigos, a tus abuelos, todo lo que hacías antes, tu casa, tu pez, echas de menos hasta el puñetero vecino que siempre te econtrabas cuando ibas a tirar la basura. Ahora es el momento en el que tú tienes que hacer todo:
Comencemos por lo fundamental, la comida. Primero hay que pensar qué vas a comer (no sabía que esto era tan difícil, porque comemos más de tres veces al día, hay que pensar mucho). Aquí entran en juego nuestras labores de cocinero, comienzan con suerte los que han recibido en casa un cursillo preindependencia, pero luego están otros muchos (este es mi caso) en el que tienes que imaginar cómo se hace todo, llamar a mamá y poner vídeos de abuelillas en youtube para orientarte. La mitad de los días no está muy buena (por no decir asquerosa), para qué engañarse, pero la has cocinado tú y es un manjar. Poco a poco te conviertes en un chef y hasta inventas tus propias comidas. Aunque también tenemos la ayuda de la comida pre-congelada y del telepizza y el burguer, demos gracias a Dios por estos inventos del ser humano. También está el camión que tus padres han traído lleno de tuppers, la salvación fundamental.
El segundo tema es la lavadora, esa gran máquina con la que te has cruzado toda la vida pero no sabes ni cómo funciona. Bien, seguro que todos habéis visto como, de repente, algo que era blanco ahora es verde fosforito, que tus pantalones preferidos son ahora cinco tallas más pequeños o que la lavadora se traga ropa. Pero, sácala rápido si no quieres que desprenda un suave olor a infierno durante un mes.
El tema estrella, la limpieza o, mejor dicho, la suciedad. Somos estudiantes, tenemos mucho que estudiar (además de mucho que salir a despejar la mente), no podemos estar muy pendientes de este tema. Seguro que todos habéis comprobado ya lo que es tener una montaña de platos esperando a darse un baño o habéis encontrado un hamster de pelusa. Pero todo se arregla pronto.
Después de unos cuantos años de estudios acabas convirtiéndote en "el puto amo". Aunque seguro que no hay nada como tomarte unas buenas lentejas de tu abuela y oler la ropa recién lavada en tu casa (porque tu madre o tu padre sí que saben lavar y cocinar y limpiar, en fin, hacer de todo). Pero mientras tanto habrá que aprender a ser como ellos y en el proceso te lo pasas bien.